Donde yace lo inevitable se hila la esperanza.
Una hecha en piedra, la otra es fino algodón.
Es la primera indestructible, la segunda tan solo un cobertor.
Allí el soñador se pregunta si el tiempo sanará.
Mientras el realismo con su cincel labra sobre sangre.
No hay novedades, no hay escape.
Una telaraña hecha pensamiento sin arte.
Y la vida no se detiene.
El tiempo no perdona.
Fuego consumado a cenizas.
Siempre detrás con una historia.

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